Diagnósticos tempranos: riesgos y alcances en los primeros mil días

Comprender los tiempos privilegiados para la “ventana de oportunidades” que significan los primeros mil días nos permite dimensionar la enorme responsabilidad que tenemos, como adultos, y la obligación, como profesionales, de actuar con justicia y conocimiento.

Podemos pensar en un “bebé posmoderno”, capturado tempranamente en un mensaje exitista que esta cultura impone al adulto de hoy: la exigencia ocupa el lugar del ideal, y la búsqueda del éxito, el lugar del placer por la crianza.  Desde esta óptica, el bebé es considerado como un “sujeto de las capacidades tempranas”, que deberá acceder pronta y precozmente a sus logros madurativos para ser considerado un “bebé normal”.

Los primeros vínculos, esos lazos primordiales establecidos entre padres y bebés junto con los modos vinculares singulares de cada familia, ejercerán sus efectos en el desarrollo y armado psíquico del infante humano.  Es por ello que debemos considerar los modos de pensar la niñez y la crianza, junto con las variaciones que ocurren en el imaginario parental sobre quién es un bebé y qué debe esperarse de él.  Estos modos de posicionamiento parental favorecerán u obstaculizarán el proceso de subjetivación.

El lenguaje y los modos expresivos que conforman los vínculos humanos forman parte de dichos intercambios subjetivantes.  Los padres, al alojar la expresividad de su hijo, hacen de su decir “un lenguaje”.

Además de las producciones gestuales y el contenido semántico de la expresión verbal, la intersonoridad participa en la configuración subjetiva:  los intercambios primordiales poseen un contenido sonoro que configura lenguaje expresivo (Giacobone, 2015).  La intersonoridad constituye, así, un proceso y organización vinculante que es cimiento y andamiaje del desarrollo de la comunicación (Armus y Giacobone, 2017).

La intervención es subjetivante cuando el profesional posibilita el proceso de subjetivación del infante, sosteniendo la experiencia de existir. Estas intervenciones quedan implicadas en una comprensión multicausal del sufrimiento y sus síntomas.  A partir de una cuidadosa perspectiva interdisciplinaria, la terapéutica indicada buscará integrar las dimensiones biológica, emocional y subjetiva del bebé y su entorno.

La apropiación absoluta de la enfermedad psíquica por la neurobiología deriva en que no se tomen en cuenta la historia del sujeto, sus vínculos ni los aspectos de su constitución psíquica.  Se reemplaza la noción del bebé como sujeto bio-psico-social por el concepto de bebé neuro-biológico-genético, adquiriendo características desubjetivantes.

La utilización de métodos evaluativos tempranos en bebés que pretenden predecir (y no prevenir) posibles trastornos neurogenéticos, al negar la dimensión intersubjetiva del desarrollo, provocan un efecto de interferencia en el mismo.  Hemos denominado a este fenómeno la iatrogenia de los pseudodiagnóstico tempranos.

El aumento epidemiológico de niños con padecimiento psíquico puede estar relacionado con el impacto epocal de los modos de vida y crianza, pero es claro que el reduccionismo neurobiológico produce un efecto devastador al ignorar el andamiaje subjetivo humano.

 

BERTIN, J., FRID, B., GIACOBONE, A. Y MORICI, S.  (2018) Capítulo 3:  Diagnósticos Tempranos: riesgos y alcances en los primeros 1000 días.  En Morici, S., Untoiglich, G. y Vasen, J. (comps)  Diagnósticos y clasificaciones en la infancia.  Herramientas para abordar la clínica.  Ilusiones y desilusiones en las prácticas. Ed. NOVEDUC, Argentina.

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