Dialogando con los bebes

Este escrito se publicó por primera vez en el año 2013, en una revista digital que editaban mis colegas Gabriela Watanabe y Anahi Darritchon, «Huellas Musicales». Luego fue revisado y publicado en el Tomo 1 de la Colección Musicoterapia en la Infancia, 2015, Ed. Diseño.

 

Con frecuencia leemos que es importante “hablarle” a los bebés, que desde el principio están disponibles a la comunicación humana. Pero es importante comentar, que cuando ese hablar está sobredimensionado en el lenguaje verbal, la interacción se empobrece.

Desde antes de nacer, los intercambios se sostienen en la sonoridad y la escucha que ambos integrantes del encuentro ensayan, practican, construyen y experimentan.

Los sonidos que el bebé expresa desde el nacimiento son un lenguaje que el referente vincular oye y, a medida que aprende a escucharlo, aporta sus sonoridades en sintonía con la producción del niño. Aun cuando diga “palabras” lo valioso para que el bebé desarrolle su escucha, más que su audición, estará en las cualidades sonantes del hablar del adulto dirigido a él.

Naturalmente los adultos modifican su “modo de hablar” cuando está dirigido al bebé. La intensidad, el timbre, el tono, la cadencia, la pronunciación, cambian espontáneamente justamente porque el significado es secundario: el “como se dice” es mucho más importante que “lo que se dice”. Pero además de esto, es relevante propiciar el juego sonoro, el dialogo sonoro, dejarse llevar por las producciones vocales que surgen naturalmente durante el entonamiento afectivo que envuelve la relación.

Dialogar con el bebé es valorar su producción expresiva, hacer silencio escuchante, pasar de oír a escuchar, experimentar mutuamente la gratificación del encuentro, compartir la emoción y modular esa danza de sonoridad y escucha.

Abusar de lo verbal como de lo musical es riesgoso, someter al bebe a una continua lluvia de palabras, aplicarle estimulación musical continua, puede privarlo de las vivencias perceptuales que favorecen la progresiva evolución de la comunicación y el relacionamiento.

En la comunicación humana intervienen fundamentalmente la expresión (o sea lo que decimos), la escucha (para lo cual hacemos silencio) y el intercambio (donde hacemos pausas). Los lenguajes sonoro, corporal y verbal se entrelazan en los intercambios donde la escucha y la expresividad van haciendo durar el encuentro. Nuestra disponibilidad sensible y atenta es la mejor propuesta para vivenciarnos dialogando.

Maestros, profesionales, padres, abuelos, tíos, tenemos que acompañar y favorecer la comunicación sin apresuramientos ni interrupciones, evitando la sobreestimulación, sin provocaciones que anulen las iniciativas del bebé, permitiendo el despliegue espontaneo del deseo de comunicarse.

Por todo esto, y promoviendo un desarrollo saludable, la propuesta es:

  • INTEGRAR EL DECIR SONOROMUSICAL A LA APRECIACION DE LAS MANIFESTACIONES INFANTILES.
  • OFRECER AL NIÑO LA OPORTUNIDAD DE EXPERIMENTARSE A SI MISMO COMO UN SER EXPRESIVO Y COMUNICATIVO.
  • PROPICIAR VIVENCIAS MUTUAMENTE GRATIFICANTES EN EL DIALOGAR CON LOS LENGUAJES DISPONIBLES.
  • VALORAR LA NARRACION QUE EL NIÑO REALIZA ALOJANDO SUS MODOS DE DECIR.

Por las huellas indelebles que dejan los diálogos hechos de susurros, miradas, laleos, besos, chasquidos, abrazos, gritos, palabras, risitas, llantos, reflejos, quejidos, mimos, canciones, caricias…

Alejandra Giacobone

2013, revisado 2015

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